EDITORIAL

Apreciables lectores: Coincidirán conmigo en cuanto a que el advenimiento de UN NUEVO GOBIERNO ESTATAL es sin duda el principal acontecimiento en estos días, y evidente motivo de esperanza para todos los nayaritas que desde hace muchos años anhelamos que nuestra entidad se desarrolle económicamente y con ello, se convierta en TIERRA DE OPORTUNIDADES para evitar que nuestros hijos sigan viéndose obligados a emigrar hacia otros lugares para subsistir y/o labrarse un buen futuro. Así pues, este 19 de septiembre es muy significativo en virtud de que se da inicio a la posibilidad de cumplimiento del pacto que reciente- mente se estableció entre UN POLÍTICO NAYARITA MADURO, SERIO Y DE AMPLIA EXPERIENCIA EN LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA; y una sociedad que lo hace su gobernante confiando alma adentro en su promesa de que gobernará en congruencia con los postulados de la CUARTA TRANSFORMACIÓN, ROMPERÁ ESQUEMAS ATÁVICOS Y SE ESFORZARÁ POR DESPERTAR AL PODEROSO GIGANTE DORMIDO que por sus riquezas naturales y la valía de sus habitantes es Nayarit. El reto es de grandes dimensiones, y no habrá tiempo para titubeos ni flaquezas durante este próximo sexenio que podría ser EL PARTEAGUAS HISTÓRICO que marcaría el antes y el después que hemos venido esperando. Hay un nuevo liderazgo en nuestra entidad decidido a marcar la diferencia; y una ciudadanía dispuesta a seguirlo con lealtad mientras se mantenga firme rumbo a los propósitos planteados. Para el caso, la eficiencia, la honestidad, los resultados, el compromi- so de servir, y en suma, la lealtad al ambicioso proyecto de “DESPER- TAR A NAYARIT”; deben ser los indicadores fundamentales con que se mida el desempeño de LOS NUEVOS FUNCIONARIOS DE LA ADMINISTRACIÓN “NAVARRISTA”; y única justificación para que permanezcan en el mismo. ¡Demos la bienvenida al nuevo sexenio que inicia! Los saludo cordialmente.

Crimen y gobernadores


Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecn...

30 de julio de 2010

El increíble caso de los reos en Durango que salían por las noches para cometer asesinatos múltiples utilizando armas, uniformes y vehículos de la policía ilustra el tamaño del problema de seguridad que tenemos en México. No me refiero sólo a la magnitud del reto, sino también a sus orígenes remotos y a sus causas inmediatas.

En primer lugar, debe quedar claro que no tenemos instrumentos para enfrentar a la delincuencia organizada. Las policías estatales y municipales no tienen ni entrenamiento ni recursos para hacerlo, pero más grave aún, no tienen interés en ello. En su mayoría, se han rendido al enemigo y trabajan para él. Tenemos evidencia de sobra en Chihuahua, Nuevo León, Coahuila, Durango, Michoacán, Tamaulipas, y súmele.

En segundo lugar, estas policías están acompañadas de organismos de procuración e impartición de justicia igualmente incapaces y también en buena medida trabajando para el enemigo. Pero si policías, procuradurías, reclusorios y jueces son, al menos en parte, incapaces y traidores, el jefe de todos ellos es responsable. Y ese jefe es el gobernador.

No es cierto que el Poder Judicial en los estados sea independiente, como lo es el federal, como tampoco lo son los Congresos. Los gobernadores en México tienen hoy el poder que antiguamente tuvo el Presidente, si bien limitado a su territorio. Puesto que controlan todo, son responsables de todo.

Me parece inconcebible que los gobernadores de estados en los que se asesina a jóvenes en fiestas, en donde la delincuencia organizada cobra derecho de piso a los establecimientos, en donde se secuestra y extorsiona a la luz del día sigan tan orondos en sus puestos, pidiendo apoyos al gobierno federal pero criticando a trasmano la “estrategia”.

El origen de la crisis de seguridad está en el régimen corrupto y corruptor en el que vivimos durante el siglo XX, no tenga usted duda alguna de ello. Es cierto que su magnitud depende del gran mercado de droga de EU, pero su existencia y su íntima relación con el poder político no viene de allá, viene de nuestro pasado, de ese régimen autoritario que tantos siguen añorando, y que goza de cabal salud en las entidades federativas, en donde lo único que ha cambiado es el centro del poder, que hoy es el gobernador.

No habrá solución a la crisis de seguridad mientras los gobernadores no se involucren en ella. Sin duda, esto sólo podrá alcanzarse de forma clara cuando losgobernadores dejen de ser los virreyes o señores feudales, pero eso no va a ocurrir de un día para otro. Mientras tanto, es necesario que se construya presión social suficiente para obligar a estos personajes a asumir su responsabilidad. Esa presión no existe porque a nivel local no hay valor suficiente para enfrentar al gobernador. Ni los empresarios, ni los medios de comunicación, ni grupo alguno de la sociedad se anima a decirle con toda claridad al gobernador que es un inepto o un corrupto. Y se entiende que así sea, pero es precisamente esta actitud la que los deja inermes frente a la delincuencia. Por no atreverse a enfrentar al gobernador, están en manos del crimen.

La obligación primordial del Estado es garantizar la seguridad a sus habitantes, y los gobernadores no lo están haciendo. Son ellos, y nadie más, los responsables de la crisis de seguridad. Se han escudado en las acciones del gobierno federal por ya varios años, pero no creo que debamos seguirlo aceptando. La excusa de que el narcotráfico es un delito federal es inaceptable cuando lo que verdaderamente daña a la sociedad es el secuestro, la extorsión, los asesinatos, que son delitos del fuero común.

Hay que obligar a los gobernadores a enfrentar y resolver el problema. Primero, reconociendo que son ellos, y nadie más, los responsables de hacerlo. Segundo, tomando medidas concretas para lograrlo. Pueden empezar cumpliendo los compromisos que ya han hecho (policía estatal única, control de reclusorios, etc.).

Es decir, si los mexicanos quieren un país seguro y en calma, tienen que luchar por él. No enfrentando al crimen cada uno por su lado, sino enfrentando al poder político, o más bien, haciéndose del poder político: transformando el país en la democracia que hoy apenas existe a nivel federal, y por ello existe de forma tan defectuosa.

Es momento de tener valor para derrotar a la delincuencia. Enfrentemos a los gobernadores, y obliguémoslos a hacer su trabajo.

www.macario.com.mx Twitter: @mschetti

Profesor del ITESM - CCM